En Cartagena, una ciudad donde los peatones esquivan motos en contravía y los andenes se confunden con parqueaderos, la lucha por recuperar la cultura ciudadana tiene nombre propio: Mónica Rolong. Abogada y activista, Rolong ha hecho del civismo una bandera, promoviendo desde sus redes sociales el respeto por el espacio público y la legalidad. Sin uniforme ni cargo público, pero con la convicción de que la ciudad puede cambiar desde la ciudadanía, trabaja por reconstruir el tejido social.

“Mi trabajo no es atacar al infractor ni exhibirlo. Mi trabajo es mostrarle al cartagenero que la cultura ciudadana y el espacio público son el mínimo común denominador”, afirma con serenidad. Su causa es simple y profunda: recuperar la empatía y el respeto entre quienes comparten las mismas calles.

Abogada Mónica Rolong lidera campaña por la empatía y el respeto.// Foto: Infomilenials

La lucha por el respeto y la empatía

El activismo de Mónica Rolong no nació de la confrontación, sino del cansancio ante la indiferencia. “En Cartagena la ilegalidad se ha normalizado. Hoy lo normal es lo ilegal, y lo correcto es visto como conflictivo”, comenta.

Su propósito no es sancionar, sino despertar conciencia. “Yo no busco protagonismo ni castigar a nadie. Solo quiero que los cartageneros entiendan que el espacio público es de todos”, explica. Para ella, respetar las normas no es un tema de autoridad, sino de humanidad.

Rolong rememora con nostalgia la Cartagena de su infancia, una ciudad más amable. “Cuando era niña, había cultura ciudadana y consideración por el otro. Ahora el que pide respeto es visto como un problema”, dice. Aun así, no se deja intimidar. “Cuando me dicen ‘sapa’ o ‘chismosa’, sonrío. No me ofende. Me preocupa más que defender la ley se haya vuelto motivo de burla”.

La lucha contra el miedo y la indiferencia

Mónica está convencida de que el cambio comienza en la calle. “La sanción social es primordial para reconstruir el tejido social”, sostiene. Según ella, la autoridad no solo debe venir de la policía o del DATT, sino también de los ciudadanos. “En Europa, la gente no comete infracciones porque sabe que todo el mundo alrededor va a corregirlos. Esa presión social funciona mejor que cualquier multa”.

Con su habitual tono firme, reta a los cartageneros a perder el miedo. “Si yo, que mido 1,57 y ando sola por toda Cartagena, puedo decirle a un conductor que se devuelva porque va en contravía, cualquiera puede hacerlo. No hay que ser valiente, hay que ser consciente”, asegura.

Para ella, el silencio cómplice solo perpetúa el caos. “Cartagena no puede seguir siendo una ciudad donde callamos por miedo. Si todos decimos ‘no’ al abuso del espacio público, nada malo va a pasar”, insiste. Y aunque ha recibido ofensas, también ha encontrado apoyo. “A veces me dicen: ‘tiene razón, señora, gracias por decirlo’. Eso me da esperanza”.

Ciudadanos de Manga apoyan la iniciativa de cultura ciudadana.// Foto: Infomilenials.

La lucha por una autoridad coherente

Rolong también señala a las instituciones. “Cartagena tiene más de un millón de habitantes y un cuerpo de agentes insuficiente. Ni siquiera cuenta con una Secretaría de Movilidad”, afirma. Para ella, esa falta de planeación y control alimenta la impunidad.

“He estado con agentes frente a infractores y no los multan. La multa es la pedagogía, porque hasta que a la gente no le duela en el bolsillo, no reacciona”, enfatiza. Su argumento se basa en la experiencia: “En Estados Unidos te quitan la licencia de conducir si reincides; en Alemania, nadie se sube a un andén porque la sanción social y legal son contundentes”.

La activista insiste en que no se trata de endurecer castigos, sino de aplicarlos con coherencia. “Aquí necesitamos autoridad firme y educación ciudadana al mismo tiempo. Si el ciudadano hace su parte, el Estado debe hacer la suya”, concluye.

La lucha de Mónica Rolong por una Cartagena con cultura vial y respeto al espacio público.// Foto: Infomilenials

La lucha por un nuevo contrato social

Más allá del tránsito, Mónica cree que el problema es cultural. “En Cartagena parece que existe un contrato social tácito: todos cometemos infracciones, pero nadie dice nada”, reflexiona. Ese “pacto de silencio”, dice, ha permitido que la ilegalidad se vuelva paisaje.

“Cuando llego y le digo a alguien que no puede pasar en contravía, lo ven como si fuera violencia. Pero no lo es. Es defensa del espacio público”, aclara. Su voz, muchas veces incómoda, ha generado un debate necesario. “Hoy se ve mal al que exige respeto por la norma, y bien al que la incumple. Eso hay que revertirlo”, advierte.

Rolong propone empezar desde la educación. “No podemos pretender que un adulto respete las normas si desde niño nunca se le enseñó a hacerlo. No se trata solo de sancionar, sino de formar ciudadanos conscientes”. Por eso, planea replicar su mensaje en colegios y universidades. “Los jóvenes deben entender que la ciudad se cambia desde la calle, no desde el poder”. Ver video de su activismo aquí.  

La lucha que apenas comienza

Pese a los ataques y la incomprensión, Mónica no se rinde. “He sido insultada, grabada, y hasta me han querido empujar del andén. Pero nada de eso me frena”, comenta. Su objetivo ahora es llevar su activismo más allá del barrio Manga. “Quiero que esta iniciativa llegue a todos los barrios de Cartagena. El civismo no puede ser un privilegio; debe ser una cultura compartida”.

Su llamado es a la acción conjunta. “Las instituciones deben sancionar, pero también escuchar a los ciudadanos que quieren aportar. No puede haber cambios sin voluntad política”, afirma.

En medio de la rutina del tráfico y el ruido urbano, su voz resuena como una advertencia y una esperanza: “Los buenos somos más. Si todos cometiéramos infracciones, Cartagena sería invivible. Hay que aplicar las multas, pero también ejercer la sanción social”.

Su lucha, dice, no busca fama ni aplausos, sino recuperar la dignidad de una ciudad que alguna vez fue ejemplo de civismo. “Yo no hago esto por protagonismo. Lo hago porque amo a Cartagena. Si todos ponemos un granito, la ciudad puede volver a ser esa Cartagena amable que muchos recordamos”.

Y mientras camina por las calles de Manga, Mónica Rolong sigue recordándole a los conductores, con voz firme pero respetuosa: “Haga el favor y bájese del andén, señor. Respete la vía”. Una frase sencilla, pero que encarna su cruzada por una Cartagena donde la empatía y la legalidad vuelvan a tener la vía libre.

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