El arte se toma las fiestas desde las bodegas de Cartagena

Entre moldes, pinturas y esculturas monumentales, el eco de los martillos y los pinceles anuncia que el arte se toma las fiestas. A pocos días del desfile del Bando, las bodegas del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena (IPCC) se han transformado en un laboratorio de creación colectiva, donde más de 250 artistas populares dan forma a la memoria festiva de la ciudad.

Artesanos trabajan en el taller rodeados de murales inspirados en la cultura afro y mestiza.// Foto: Infomilenials.

La maestra Maritza Zúñiga, artista plástica y coordinadora del proyecto Plástica Novembrina 2025, explica que este proceso “comprende tres fases: Carro Salad, Carrozas al Taller y la construcción final”.

“Convocamos a 50 artistas locales, de los cuales seleccionamos 20 diseños para las carrozas y 10 para las macrofiguras. Antes de crear, los reunimos con historiadores y gestores culturales para que conocieran los antecedentes coloniales y populares que dieron origen a nuestras fiestas”.

Zúñiga señala que este año las carrozas no son solo un espectáculo visual, sino un manifiesto cultural: “Van a contar la historia nuestra. Son símbolos de resistencia y libertad. Hemos recuperado las técnicas tradicionales con las que los maestros de la tradición construían sus obras”.

Desde agosto, el taller se ha convertido en un epicentro de creatividad y aprendizaje intergeneracional. Carpinteros, herreros, diseñadores, lijadores, pintores y escultores trabajan hombro a hombro, compartiendo oficios que se heredan más allá de la academia. Más información sobre el proceso aquí. 

La muralista Ángela Medina junto a las figuras de su carroza La danza de los diablos espejos.// Foto: Infomilenials.

El arte se toma las fiestas con herencia viva

En un rincón de la bodega, el escultor Mario Guzmán perfila los detalles de una de las carrozas más esperadas: Herencia viva de Porfiria Díaz.

“Estas carrozas comprometen a los artesanos a dar una belleza comparable con las culturas africanas. Representan el legado de los cabildos, como el de Bocachica, que es uno de los más antiguos y activos”, comenta mientras repasa la superficie con una espátula.

Cada pieza es el resultado de la memoria viva de los barrios, de los saberes que se mantienen a fuerza de comunidad. Guzmán asegura que “cada color, cada textura, tiene el peso de una historia que sigue latiendo”.

Muy cerca, los bocetos en papel muestran las líneas iniciales de lo que luego será arte monumental. Los artistas consultan referencias históricas, estudian proporciones y discuten sobre la importancia de mantener la esencia cartagenera en cada diseño.

Escultor del gran Bolívar pinta detalles de una carroza del Desfile del Bando 2025..// Foto_ Infomilenials

El arte se toma las fiestas con memoria y oficio

El diseñador Leanci Arias —creador de la carroza Vendedores de recuerdo— plasma en su obra una metáfora sobre la economía popular que rodea el Centro Histórico.

“Quise rendir homenaje a esos vendedores que pasan desapercibidos, los que ofrecen dulces, sombreros, fotos o imanes. Cada uno vende un pedazo de Cartagena para llevar en la memoria”.

Su carroza combina murales, esculturas y pátinas que evocan técnicas rupestres, inspiradas en los muros del Castillo de San Felipe.

“Utilizo cal, yeso y óxidos para lograr ese efecto antiguo. Es mi forma de unir la historia del arte universal con el alma popular de la ciudad”, explica Arias.

En otra mesa, los bocetos de las carrozas Cabildo Vivo e Itmina Fanti de Bocachica reposan junto a herramientas y pigmentos. Allí, la mezcla de tradición afro, mestizaje y libertad se traduce en formas y colores que cobran vida con cada pincelada.

Artista Maritza Zúñiga revisa una escultura monumental del proyecto Plástica Novembrina 2025. // Foto: Infomilenials

El arte se toma las fiestas en clave femenina

La muralista Ángela Medina da un salto del muralismo bidimensional a la escultura tridimensional. “Pasar del plano al volumen fue todo un reto. En los murales el movimiento se logra con sombras; en la escultura hay que tocarlo, darle plasticidad al material”, cuenta mientras revisa la carroza La danza de los diablos espejos.

Medina, una de las pocas mujeres líderes de taller, afirma que este proceso “ha sido una escuela colectiva donde todos aprendemos del otro”. Su experiencia en murales en Bogotá, Medellín y el Caribe la ha llevado a reafirmar que el arte público es un puente entre generaciones y territorios.

“Estas carrozas son un acto de resistencia cultural. Aquí no solo decoramos: resignificamos la historia para que el pueblo se vea reflejado”.

El arte se toma las fiestas con manos de pueblo

El maestro Carlos González, con 25 años de experiencia en escultura, trabaja en la carroza Herencia Caribe.

“Recoge toda nuestra cultura: los picos, el sancocho, las palenqueras, Pedro Romero, los tambores y el sombrero vueltiao. Cada figura cuenta un fragmento de nuestra identidad”, señala.

A su alrededor, jóvenes aprendices y familiares afinan detalles. “Este trabajo también da empleo y formación. Aquí se unen generaciones enteras para sostener una tradición que no se apaga”.

La maestra Zúñiga resume el espíritu colectivo del proyecto: “Cartagena es una ciudad patrimonial. Aspiramos a que nuestras fiestas lleguen al corazón de todos, pero que se vivan con paz y libertad”.

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