El fisicoculturismo nació como disciplina moderna a comienzos del siglo XX, cuando organizaciones como la International Federation of Bodybuilding and Fitness (IFBB) estructuraron competencias oficiales, categorías y reglamentos que impulsaron su expansión global.
En Colombia, esta práctica tomó forma desde los años setenta con los primeros torneos organizados por la Federación Colombiana de Fisicoculturismo, lo que permitió integrar al país a circuitos internacionales.
Ese legado llegó a Cartagena y encontró arraigo en los barrios populares, donde las pesas han sido sinónimo de disciplina y refugio. En Los Cerezos, al sur de la ciudad, un grupo de veteranos decidió recuperar la esencia de ese deporte y sembrar una nueva generación de atletas. Así nació el Club Los Clásicos del Hierro, un proyecto comunitario que busca rescatar el fisicoculturismo tradicional y proteger a los jóvenes de entornos vulnerables. Conoce más sobre esta disciplina aquí.
Fisicoculturismo y escuela social: la misión que guía al club
En un barrio donde las oportunidades deportivas son escasas, los Clásicos del Hierro construyeron una ruta clara para quienes buscan un propósito.
“Esta idea nació por dos compañeros. Raúl Martínez y Julio Macías tuvieron la idea y se solidificó el 12 de abril. Arrancamos cinco compañeros de la vieja escuela y hoy ya somos 39 miembros activos”, señaló Domingo del Valle, presidente del Club Los Clásicos del Hierro.
El propósito del club es amplio. La misión abarca no solo promover competencias, sino también sanear procesos de juzgamiento, acompañar a exatletas que enfrentaron dificultades y guiar a los jóvenes hacia hábitos saludables. Para Domingo, el deporte debe ser un puente que salve vidas y abra caminos.
Fisicoculturismo y comunidad: un proyecto sin costo para los jóvenes
La iniciativa ha logrado reunir a 39 miembros que trabajan de forma voluntaria. La base del proyecto es permitir que cualquier joven pueda entrenar sin pagar.
“El momento somos 39 miembros. La idea es que se sigan integrando porque queremos apoyar el deporte y sacar muchos atletas”, explicó Julio César Macías, tesorero del club. “Recordamos a los pioneros, a los que hicieron parte de la historia. Los hemos homenajeado en nuestros eventos y seguiremos haciéndolo”.
Su mensaje para el barrio es directo: “Que se animen. Nosotros queremos apoyarlos, incentivarlos a que sean mejores personas para la sociedad y para ellos mismos”.
Julio también destaca una urgencia: los riesgos sociales que enfrentan los jóvenes. “Aquí pueden olvidar las malas influencias de la calle. Los jóvenes necesitan un espacio donde crecer en buenos hábitos. Esa es nuestra prioridad”, afirmó.
Fisicoculturismo y formación: la mirada profesional del entrenador
El club combina trayectoria, disciplina y formación técnica. Entre máquinas clásicas y el ambiente tradicional del gimnasio Muscle Gym Colombia, aparece Humberto Fuentes, licenciado en educación física y entrenador con más de 25 años en el deporte.
“Lo que puedo aportar al club es un trabajo social desde mi profesionalismo. Ayudo a los jóvenes a tener esa ilusión de alcanzar la gloria, impulsándolos como entrenador. Esto es de disciplina, es de día a día. No se hace un día para otro. Hay que ir dándole hasta lograr los objetivos”, señaló Fuentes.
Su presencia va más allá del entrenamiento físico. Humberto ha asumido la tarea de reconstruir la confianza de jóvenes que llegan desorientados o desmotivados. Los acompaña desde el inicio, con corrección técnica, prevención de lesiones y rutinas ajustadas a sus condiciones reales.
Los resultados lo respaldan. “A Ubelis Pájaro y a Villarreal las llevé a campeonato. Eso demuestra que sí se puede. La clave es la constancia”.
Fisicoculturismo y nuevas generaciones: inspiración desde la experiencia
La renovación del club también pasa por voces jóvenes como Kleiber Villanueva Morales, entrenador y creador de programas de entrenamiento online.
“Llevo más de 15 años cambiando vidas. Ayudo desde la sencillez, inspiro y motivo para que cada día se dé un paso más. El primer paso es fortalecer la mente para transformar el cuerpo”, aseguró Villanueva.
También advierte sobre un riesgo común: entrenar sin supervisión profesional. “Muchos se dejan llevar por influencers. Eso motiva, pero lo ideal es dejarse guiar por profesionales para evitar lesiones. Este deporte también es educarse a diario”.
Fisicoculturismo al femenino: la potencia de María Alejandra Marín
En una disciplina dominada históricamente por hombres, María Alejandra Marín rompe moldes. Campeona del torneo de potenciación del club, lleva siete años en el culturismo.
“Las mujeres también somos fuertes. En mi primera competencia venía practicando una carga, pero no pude moverla ese día. Solo pude con 150 kilos y gané. Fue frustrante, pero lo logré. Esto es disciplina y constancia”, relató Marín.
Su mensaje es un impulso para otras jóvenes: “Que no tiren la toalla. Todo se va dando a medida que practiquen. Este deporte también es muy lindo para nosotras”.
Fisicoculturismo sin barreras: el deporte que invita a todos
La inclusión es una de las bases del club. Nicanor Segovia, preparador físico con tres décadas de trayectoria en halterofilia, destaca la apertura del proyecto.
“Estamos buscando que la nueva generación se vincule. El 7 de marzo tendremos una competencia de pulso en Timba Disco Bar y todos pueden participar. No tiene que ser fisicoculturista. Cualquier persona puede competir”, explicó Segovia.
El club mantiene canales abiertos para cualquier interesado y fortalece la participación comunitaria a través de eventos accesibles y formativos.
Fisicoculturismo desde Los Cerezos: un gimnasio, una causa
La fachada verde de Muscle Gym Colombia se ha convertido en un punto de encuentro para jóvenes y veteranos. Pero el impacto del club va más allá de este espacio. Cada miembro de Los Clásicos del Hierro tiene su propio gimnasio en distintos barrios de Cartagena, lo que ha ampliado la presencia del fisicoculturismo en diferentes comunidades.
Esa red de gimnasios funciona como una cadena de apoyo. Los atletas de la vieja escuela comparten métodos, rutinas y acompañamiento mientras reciben en sus espacios a jóvenes que buscan un lugar seguro para entrenar y mantener la mente ocupada. En una ciudad donde muchos adolescentes enfrentan riesgos sociales, esta red se ha convertido en un motor de prevención, disciplina y oportunidades.
Fisicoculturismo y respaldo institucional: un camino que apenas comienza
Los miembros del club tienen claro que su tarea apenas comienza. Quieren seguir trabajando por los jóvenes y por todas las personas que ven en este deporte una alternativa real para transformar su vida, ya sea como competencia, actividad física o herramienta para construir hábitos saludables.
El club avanza hacia una alianza clave: están gestionando con el IDER un mayor respaldo institucional para promover campeonatos, fortalecer la formación de nuevos talentos y consolidar los eventos deportivos que desean posicionar en la ciudad.
Lo más importante, coinciden todos, es resaltar el trabajo social con la juventud cartagenera. Cada rutina, cada consejo y cada entrenamiento se convierte en una oportunidad para que más jóvenes encuentren disciplina, acompañamiento y un proyecto de vida.

